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El host conspiracional Alex Jones es un artista del performance, según su abogado

Política

Por: pijamasurf - 04/18/2017

El popular conspiranoico Alex Jones es sólo un performer, según su abogado; su esposa dice que quiere romperle el cuello a Alec Baldwin

Alex Jones, anfitrión de un popular medio de conspiración de ultraderecha, es un artista de performance, según dijo su propio abogado en el juicio de custodia que se lleva actualmente a cabo. Jones (y su sitio Infowars) se ha convertido en uno de los más entusiastas partidarios de Trump, quien ha declarado que la mayoría de las noticias son fake (excepto Infowars, uno supone). 

Jones fue la fuente del llamado Pizzagate durante la elección, una noticia falsa que acusaba a Hillary Clinton y John Podesta de mantener una red de tráfico sexual de personas basada en una pizzería de Washington D. C. Jones ha difundido también teorías de conspiración sobre el atentado a las Torres Gemelas del 9-11, el Club Bilderberg, el Bohemian Grove, y sostiene que la llegada a la Luna fue falsificada, entre otras sabidas teorías de la conspiración. Es conocido por su fuerte postura a favor de las armas.

El abogado de Jones dijo que su cliente está representando un papel, un papel que suele llevarlo a episodios en los que difunde su opinión de manera vehemente, perpetuamente enfadado en contra del statu quo y apoyando lo que ahora se conoce como alt-right o la extrema derecha conservadora.

Kelly Jones mantiene que su exesposo no es estable, que quiere romperle el cuello a Alec Baldwin (quien imita a Trump en el show Saturday Night Live) y que quiere que violen a Jennifer Lopez. Además, sostiene, trasmite desde casa, y los niños lo ven transmitir su programa. En las siguientes semanas el jurado deberá decidir si el personaje mediático de Jones es diferente a su persona cotidiana y en base a esto podrá determinar quien se queda con la custodia de sus tres hijos, un joven de 14 años y dos chicas de 12 y 9, respectivamente.

Por qué lo que estamos viviendo se parece más a 'Un mundo feliz' de Huxley que a '1984' de Orwell

Política

Por: pijamasurf - 04/18/2017

Aldous Huxley tenía razón

Ante las experiencias traumáticas de los regímenes totalitarios del siglo XX, el libro 1984 de George Orwell --debido a su representación del Estado tiránico como el represivo y ominpresente Gran Hermano-- se convirtió en el texto distópico de cabecera que advertía los peligros de lo que podría ocurrir con una mezcla de abuso de poder, tecnología y supresión de la libertad y la información. Ante el primer atisbo de represión, vigilancia y control del Estado se cantaba con alarma el término Gran Hermano. Y si bien ciertamente hay algo de esto actualmente, la distopía que más se acerca a predecir y a darnos herramientas para entender lo que estamos viviendo hoy en día es Un mundo feliz de Aldous Huxley. Esto fue previsto con gran claridad por el escritor y analista de medios Neil Postman en 1985, en su libro Amusing Ourselves to Death (Entreteniéndonos hasta la muerte).

El sistema esbozado en el texto de Orwell se basa en la censura, la represión de los movimientos de oposición y sobre todo en la anulación de la individualidad, mientras que el de Huxley trata de, en palabras de Andrew Postman (el hijo de Neil), "una burbuja de gratificación instantánea, tecnología sedativa y consumo exacerbado". Mucho más parecido a lo que estamos viviendo en la sociedad occidental de Facebook y Donald Trump. No un control estilo "la bota en la cara" sino algo más parecido a la apatía, la dispersión y el desinterés producido por la distracción y el egoísmo de la cultura del entretenimiento. Como sugiere Neil Postman, en nuestra sociedad no es necesaria la represión de un movimiento político porque la realidad como entretenimiento nos coloca en un estado de pasividad, indolencia e ignorancia que nos hace inofensivos para el sistema. Postman escribió:

Lo que Orwell temía era que se prohibieran los libros. Lo que Huxley temía era que no hubiera razón para prohibirlos porque nadie querría leer uno. Orwell temía a aquellos que nos privarían de la información. Huxley temía a aquellos que nos darían tanto que nos reducirían a la pasividad y al egoísmo. Orwell temía que la verdad sería ocultada de nosotros. Huxley temía que la verdad sería ahogada en un mar de irrelevancia. Orwell temía que nos convertiríamos en una cultura captiva. Huxley temía que nos convertiríamos en una cultura trivial. 

Es difícil definir mejor lo que nos está pasando actualmente que como lo hizo Postman hace más de 30 años y, por supuesto, Huxley hace 80. En este solo párrafo está el narcisismo y el hiperindividualismo de la era digital, el mundo de las noticias falsas y de la posverdad, la burbuja de los filtros, el infotainment y demás malestares de la cultura de nuestros días, los cuales están zurcidos invisiblemente al tejido de la normalidad. 

En su texto "La propaganda en una sociedad democrática", Huxley escribió:

En lo que respecta a la propaganda, los primeros defensores del alfabetismo universal y de la prensa libre advirtieron sólo dos posibilidades: que la propaganda sea verdad o que sea falsa. No previeron lo que en realidad ha sucedido, sobre todo en nuestras sociedades occidentales capitalistas: el desarrollo de una vasta industria de comunicación masiva, que no lidia ni con lo falso ni con lo verdadero, sino con lo irreal, lo que es casi siempre totalmente irrelevante.

[...] Pero incluso en Roma no había nada comparado con el sinfín de distracciones que proveen los diarios, las revistas, la radio, la televisión y el cine. En Un mundo feliz las distracciones sin cortes de la naturaleza más fascinante [the feelies: películas también táctiles, orgy porgy, sexo grupal bajo la influencia de las drogas, centrifugal bumblepuppy, una futurista versión de espirobol] son deliberadamente usadas como instrumentos de política pública, con el propósito de impedir que las personas presten mucha atención a las realidades de la situación social y política. El otro mundo de la religión es diferente al otro mundo del entretenimiento; pero se asemejan en que decididamente "no son de este mundo". Ambos son distracciones y, si se viven continuamente, pueden volverse, como en la frase de Marx, "el opio del pueblo" y, por consiguiente, una amenaza a la libertad. Sólo los que vigilan pueden mantener sus libertades y sólo los que están constante e inteligentemente en el aquí y en el ahora pueden autogobernarse efectivamente por procedimientos democráticos. Una sociedad cuyos miembros pasan buena parte de su tiempo no en el presente, no en el aquí y en el ahora y en el futuro calculable, sino en otro lugar, en los otros mundos irrelevantes del deporte y las telenovelas, de la mitología y la fantasía metafísica, encontrará difícil de resistir las invasiones de aquellos que controlan y manipulan a la sociedad.

En su propaganda los dictadores de hoy dependen fundamentalmente de la repetición, supresión y racionalización —la repetición de eslóganes que desean que sean aceptados como verdad, la supresión de hechos que quieren que sean ignorados y la estimulación y racionalización de pasiones que pueden ser usadas en el interés del Partido o del Estado. Al tiempo que el arte y la ciencia de la manipulación son mejor entendidas, los dictadores del futuro indudablemente aprenderán a combinar estas técnicas con las distracciones interminables que, en Occidente, amenazan con ahogar en un mar de irrelevancia la propaganda racional esencial para mantener las libertades individuales y la supervivencia de las instituciones democráticas.