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Almodóvar VS Netflix: "Me parece una enorme paradoja premiar una película que no pueda verse en gran pantalla"

Arte

Por: pijamasurf - 05/18/2017

Netflix y las plataformas on demand están cambiando la forma en que vemos cine

El consumo de obras y productos cinematográficos experimenta, desde hace unos años, un cambio sustancial. Ir al cine se ha convertido poco a poco en reproducir una película en casa, y la actividad de mirar una cinta –que algo tenía de asombroso, de contemplación artística y de disfrute estético– se realiza ahora sobre todo con meros fines de entretenimiento, para “pasar el rato” y, en última instancia, como una forma más del polimorfo monstruo de la distracción que en nuestra época consume nuestro tiempo.

En este sentido, algunos viejos guardianes del otrora llamado “séptimo arte” no han dejado de expresar su malestar frente a dicha tendencia. Hace unas semanas compartimos la opinión de Martin Scorsese y Ridley Scott, directores hollywoodenses que no dudaron en afirmar que “el cine está muerto”. Ahora es Pedro Almodóvar quien sin esgrimir una posición tan radical, ha expresado su incomprensión de que una película reciba un premio importante sin que haya sido proyectada antes en una sala de cine.

Almodóvar realizó esta declaración en el marco de la presentación de la 70ª edición del Festival de Cannes, sin duda la ceremonia más prestigiada y emblemática del mundo cinematográfico. En esta ocasión, el cineasta español funge como presidente del jurado del festival, mismo que integra junto con los directores Chan-Wook Park, Paolo Sorrentino y Maren Ade, la actriz y directora Agnès Jaoui, los actores Will Smith, Jessica Chastain y Fan Bingbing y el compositor Gabriel Yared.

Para Almodóvar, aunque Netflix ha aportado otra forma de consumir cine y otro tipo de producciones de tipo fílmico, la gran pantalla es insustituible para la experiencia de apreciación cinematográfica. Dijo el director:

Netflix es una nueva plataforma para ofrecer contenido de pago, lo cual en principio es bueno y enriquecedor. Sin embargo, esta nueva forma de consumo no puede tratar de sustituir las ya existentes, como ir al cine, no puede alterar el hábito de los espectadores, y creo que ese el debate ahora mismo. Para mí, la solución es simple: las nuevas plataformas deben de respetar las reglas actuales, como la existencia de ventanas de exhibición, y cumplir las reglas de inversiones que ya regulan a las televisiones. Es la única manera de coexistir. Me parece una enorme paradoja dar una Palma de Oro y cualquier otro premio a una película que no pueda verse en gran pantalla. Respeto las nuevas tecnologías, pero mientras siga vivo defenderé algo que las nuevas generaciones parecen no conocer: la capacidad de hipnosis de una pantalla. Creo que la pantalla en la que vemos una película por primera vez no puede ser parte de nuestro mobiliario, sino que nosotros tenemos que ser diminutos para estar dentro de la película que te captura.

En este sentido, a la pregunta de si prefería que sus películas se vieran en los 190 países en los que Netflix tiene presencia o ganar la Palma de Oro, el máximo reconocimiento en Cannes, Almodóvar fue contundente: “Prefiero que se vean en todos los países posibles en pantalla grande”.

Un poemario de Karla Hill que explora la experiencia poética de la realidad

Nuestra relación con la realidad tiene su origen en un fenómeno misterioso, casi desentrañable: la percepción y aprehensión de los hechos que se presentan por doble partida antes nuestra sensación y nuestro entendimiento. Percibimos la realidad, pero no mansamente. En todo momento, hay algo más que nos la devuelve pero ya no como realidad, sino como idea de realidad, pensamiento, imagen, representación. Miramos el mundo y aunque el mundo es, para nosotros es siempre un mundo nuevo, un mundo desconocido en alguna de sus múltiples, incontables aristas, un mundo en cierto sentido único.

Apenas rompemos la membrana de la idea de realidad en la que todos convenimos a diario, descubrimos una selva indómita de significados aún salvajes, un jardín exótico donde las palabras se revuelven y se confunden, cambian sus ropas y se presentan con un aspecto distinto al que solíamos atribuirles; descubrimos que detrás de la idea de realidad –sólida pero frágil– con la que vivimos cotidianamente, existe otro mundo paralelo, el de nuestra percepción y nuestros pensamientos, en donde la realidad se recrea una y otra vez pero a nuestra manera –incluso sin que nos demos cuenta de ello.

Desluz, de Karla Hill (Editorial Xolo, 2016), es un poemario que rehace el camino que va no de la realidad a la percepción sino lo opuesto: aquel por el cual el mundo puede experimentarse como un loci poético. En los 33 poemas que lo componen –una cifra, dicho al margen, significativa– se despliega esta hipótesis secreta, tácita, que da su tono particular a la voz poética, pero sobre todo que se insinúa como el sustento fundamental de la experiencia de realidad que ahí se transmite.

¿Qué hace falta para percibir poéticamente la realidad? Si atendemos al trabajo de Karla Hill, podríamos comenzar por decir que la realidad se descubre poética cuando el yo y el mundo entablan una relación que va de la intimidad a la distancia, de la fascinación y el enamoramiento al desencanto y el rechazo. Una flor, una taza de café, la lluvia, el mar, la soledad, el silencio o cualquier otra de las muchas entidades que pueblan el mundo nos pueden ser funcionales o indiferentes, podemos sentirlas y al instante siguiente dejarlas pasar, pero también podemos extrañarnos de su presencia, embriagarnos con su representación, mirarlas por una vez atentamente, sorprendernos por su simplicidad, sentir el dolor que dejaron en nuestra memoria: hurgar una vez más en la impresión que dejó cierta experiencia del mundo.

Los poemas de Desluz son, en este sentido, una exploración de ese vínculo poético con la realidad, de los muchos matices y senderos que se miran y se recorren una vez que se ha descubierto la posibilidad de experimentarla poéticamente.

 

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Veo niños que persiguen pelotas,
nubes blancas sobre nubes grises,
un jardinero podando el pasto,
–indiferente–
gatos cautelosos esperando
una oportunidad,
–no sé para qué–,
perros que saltan y obedecen un chiflido,
insectos de la misma especie dando vueltas
sobre un árbol,
pasto húmedo y corto,
pasto largo y seco
pájaros que vuelan alto y no saben lo que
pasa abajo,
palomas que sacuden la cabeza y zurean
melancólicas
porque no saben qué hacen ahí,
ardillas que corren y se pelean por un
cacahuate,
peatones con paraguas abiertos,
–preparados para la tormenta–,
gente que se saluda,
gente que camina mirando el suelo, o sus
propios pies,
–como preguntándose a dónde van–,
postes de luz apagados,
–inútiles–,
gente que se sonríe,
hombres que no saben qué decir,
latas de refresco vacías,
letreros que prenden y apagan,
gente que se persigna,
muchachos que fuman,
fachadas de casas tristes,
ojos de distintos colores,
de distintas miradas,
huellas en la tierra,
escobas cansadas de barrer
siempre el mismo polvo.

Desluz
Karla Hill
Editorial Xolo, mayo de 2016
Ilustraciones de Tábata Bandin