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Un árbol de dioses de la India

El panteón de la India es aún más complejo que el de los dioses griegos, con leyendas y mitos en los que las deidades se transforman en otras, reemergen con nuevos nombres y en general viven una promiscuidad incontenible. La India es la gran tierra de las religiones, madre del budismo, el hinduismo, el jainismo y otros cultos sincréticos. Es también la tierra que nos ha dado el yoga y el tantra y, actualmente, el cine de Bollywood influenciado por esta profusión de deidades.

El hinduismo es un término creado por académicos occidentales, en gran medida reduccionista, aunque útil para agrupar a una serie de diversos cultos que tienen en común derivarse del pensamiento védico y abrazar una serie de textos como son los Upanishads o el Mahabharata, entre otros.

Hay que mencionar que este mapa es muy útil por su presentación en un árbol, por su inclusión de las deidades más importantes y sus símbolos, pero en ninguna medida puede considerarse como definitivo, ni siquiera como un acercamiento preciso al universo divino de la India. Una versión definitiva sería por supuesto imposible, debido a la complejidad y al nivel de bifurcaciones de cada una de las deidades.

 

Moore sobre el hechizo (consciente) de la naturaleza

A partir de la publicación de su reciente y monumental novela Jerusalem, el mago de las historietas Alan Moore se encuentra muy activo en la red. Sin duda, la más interesante de sus recientes entrevistas es la que ha generado el sitio Daily Grail. Vale la pena visitar este link para leer la entrevista completa en inglés. Aquí hemos traducido un fragmento que consideramos relevante:

Vivimos en un mundo que está mayormente predicado en una visión racional y científica del mundo, lo cual efectivamente significa que cualquier fenómeno más allá de lo físicamente medible es automáticamente tenido por no existente, incluyendo las almas, los dioses, los fantasmas y la conciencia humana. Aunque estoy de acuerdo en que necesitamos recuperar la conexión psicológica que una vez existió entre nosotros y nuestro entorno --porque no hacerlo es convertirnos en autómatas sin sentido en un mundo material que, por su propia admisión, no tiene dirección o propósito-- creo que el problema estaría definido con mayor precisión si hacemos a un lado términos confusos como "alma" o "espíritu" y optamos por el menos vago aunque científicamente problemático "significado". Si al llegar a conocer más de los aspectos históricos y mitológicos de los lugares los hacemos más significativos, al menos para nosotros, sugiero que esto nos llevará a experimentarnos como personas con más significado dentro de un nuevo contexto iluminado.

La diferencia entre "significado" y "espíritu" es que en el caso del significado tenemos que hacer todo el trabajo necesario para investir el lugar, la persona o el objeto con el significado, mientras que los espíritus, ¿acaso no simplemente se manifiestan? Creo que nuestro mundo está gloriosamente encantado con significado; y somos nosotros los que hacemos el encantamiento y deberíamos hacer más de esto, o hacerlo de manera más exhaustiva.

Quizá habría que agregar que este llenar de significado el mundo, encantándolo o hechizándolo, debería ocurrir con más conciencia y presencia del encanto, proyecciones mágicas que se vuelven aspectos consciente de conocimiento y extensión de la experiencia: la naturaleza un lienzo de sueños lúcidos. Moore agrega que este estrato del significado/espíritu (en el cual nos vemos reflejados de manera exaltada o misteriosa) muestra que la realidad materialista convencional no es más sólida que la mitología y los sueños. Para vivir esta existencia significativa, llena de poesía y magia, "deberíamos tratar con mayor ahínco de revestir nuestro medio ambiente con el significado que de manera tan beligerante el materialismo le ha extraído".