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Esta hipnótica coreografía parece un grabado de Escher hecho realidad (VIDEO)

Arte

Por: pijamasurf - 10/25/2017

Esta pieza coreográfica montada en París nos recuerda el elevado poder expresivo del cuerpo humano

Danzar es decir con el cuerpo y, así como en lenguaje oral o el escrito, el lenguaje del cuerpo también puede llevarse a fronteras sublimes, inesperadas, en una palabra: artísticas.

En el video que compartimos a continuación podemos mirar una coreografía que bien puede calificar con esos adjetivos. Nos sorprende al tiempo que nos hipnotiza, nos hace ver que también el cuerpo humano es capaz de hablar poéticamente, con sus propios recursos.

La pieza lleva por título La mecánica de la historia y es obra del acróbata, actor, malabarista y bailarín Yoann Bourgeois, quien la ideó como una “creación in situ” para el festival Monumentos en movimiento, proyecto cultural francés que busca la reinvención dinámica de algunos de los monumentos más emblemáticos de París.

En este marco, La mecánica de la historia se presenta desde inicios de octubre en el Panthéon, específicamente, en las inmediaciones del famoso “péndulo de Foucault”, instalado en la cúpula más elevada del Panthéon, gracias al cual el físico León Foucault demostró la rotación de la Tierra, y famoso también por la novela homónima de Umberto Eco. 

Esta disposición, por cierto, no parece casual, pues la pieza está construida en parte sobre el eje de la rotación, un movimiento que por definición es continuo, sostenido y casi infinito. Asimismo, la inclusión de las escaleras y las personas hace pensar de inmediato en las fabulaciones recursivas de Escher, esos laberintos en los que los juegos de geometría sumen al espectador en laberintos de un solo nivel e ilusiones ópticas de las que parece imposible salir.

James Joyce escribió, famosamente, que la Historia es una pesadilla de la que intentamos despertar. ¿Será que, con el título y características de su pieza, Bourgeois alude a esas palabras de Joyce?

Estos son los mejores libros según el Premio Nobel de Literatura, Samuel Beckett

Arte

Por: PijamaSurf - 10/25/2017

En sus inicios, bajo las enseñanzas de James Joyce, mostró un particular sentido de humor negro y sórdido, "desprestigiando a la palabra como medio de expresión artística"

Sombrío, minimalista y profundamente nihilista, Samuel Beckett fue uno de los personajes más importantes del experimentalismo literario del siglo XX. En sus inicios, bajo las enseñanzas de James Joyce, mostró un particular sentido de humor negro y sórdido, desprestigiando -según su traductora, Antonia Rodríguez-Gago- “la palabra como medio de expresión artística y creando una poética de imágenes, tanto escénica como narrativa”.

Mediante sus conocimientos de literatura, teatro, filosofía, psicoanálisis, música y medios audiovisuales, Beckett logró retratar la tragicomedia de la condición humana. Gracias a ello, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1969, tomando en consideración su renovación de la novela y el drama. Para el autor que consideraba que “Todos nacemos locos. Algunos continúan así siempre”, existe una serie de libros indispensables para cambiar las premisas de vida. La lista fue publicada por Cambridge University Press en el 2011:

Andrómaca (1668), de Jean Racine. Beckett releyó este libro “con una mayor admiración que nunca y con una mayor comprensión, al menos con una mayor comprensión sobre las posibilidades del teatro en la actualidad”.

– La vuelta al mundo en ochenta días (1873), de Julio Verne. En palabras de Beckett: “Tiene vitalidad”.

El castillo (1926), de Franz Kafka. Según Beckett: “Me sentí como en casa, demasiado –quizá eso fue lo que me hizo no dejar de leerlo. Caso cerrado ahí y entonces”.

El guardián entre el centeno (1951), de J. D. Salinger. De acuerdo con Beckett: “Me gustó mucho en realidad, más que cualquier cosa en mucho tiempo”.

Crooked House (1949), de Agatha Christie.

Effi Briest (1895), de Theodor Fontane. Beckett menciona al respecto: “Lo leí por cuarta vez el otro día con las mismas lágrimas en los mismos espacios viejos”.

El jorobado de Notre Dame (1831), de Víctor Hugo.

Viaje al fin de la noche (1932), de Louis-Ferdinand Céline.

Lautréamont y Sade (1949), de Maurice Blanchot. “Algunas excelentes ideas o inicios de las ideas, y un poco de verborrea para ser rápido de leer. Lo que emerge a través de un verdadero gigante Sade, celoso de Satán y de sus tormentos eternos”.

Destino del hombre (1933), de André Malraux.

Mosquitos (1927), de William Faulkner.

El extranjero (1942), de Albert Camus. En palabras de Becket: “Inténtalo y léelo, creo que es importante”.

La tentación de existir (1956), de Emil Cioran.

La 628-E8 (1907), de Octave Mirbeau. “Es una jodida buena pieza de trabajo”.