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Gun Nation: Estados Unidos y su relación de amor fatal con las armas (VIDEO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 10/04/2017

Más de 500 mil personas han muerto desde el 2000 por incidentes con armas de fuego en Estados Unidos; un tiroteo masivo ocurre casi cada día y los estadounidenses aún se aferran a su derecho a tener armas

Como sucede con cada tiroteo masivo en Estados Unidos, se vuelve a debatir el papel que juega en estas tragedias el hecho de que sea tan fácil conseguir armas en la gran mayoría de los estados de este país, incluso armas automáticas de alto calibre, como ocurrió hace unos días con el asesino de Las Vegas -autor de la matanza más sangrienta en la historia de EEUU. De manera sorprendente, algunas personas aún alegan que este fácil acceso a las armas no es el problema. Evidentemente Estados Unidos tiene una compleja relación con las armas y un poderoso lobby a favor de éstas, liderado por la National Rifle Association y su importante injerencia entre los políticos conservadores.

Este interactivo de The Guardian muestra de manera impresionante, en una sola gráfica, cómo en mil 735 días han ocurrido mil 516 tiroteos masivos, casi uno por día -un tiroteo masivo es definido como un tiroteo en el que cuatro o más personas resultan heridas por disparos. Los estadounidenses tienen más de 265 millones de armas, esto es, más de una por adulto. 

El siguiente documental, también realizado por el sitio británico The Guardian y el fotógrafo Zed Nelson, autor del libro Gun Nation (que hace 17 años llamó la atención por mostrar una serie de imágenes de estadounidenses con sus armas y sus familias), explora este letal embrollo de amor y violencia en el corazón de EEU. Nelson revisita a las personas que aparecieron en su libro con sus queridas armas y los entrevista para conocer los motivos por los cuales están aferrados a éstas. En los 18 años que han pasado desde la publicación de este libro, más de medio millón de personas ha muerto en Estados Unidos en sucesos donde han estado involucradas armas de fuego, y aun así hay una feroz resistencia a las leyes de control de armas.

Algunos estadounidenses, en vez de ver que tener armas cerca de niños es peligroso, las ven como protectoras, como señales del poder y libertad que tienen. Notablemente, algunos estadounidenses creen que si el gobierno fuera a exigirles que devolvieran sus armas, ése sería el final del país, ya que no están dispuestos a entregarlas. El arma, la escopeta, la pistola, se han convertido en un emblema nacional, en algo profundamente arraigado en la psique de una nación que ama el poder que tiene y a la vez siente una permanente amenaza, una persecución -real o imaginaria- como la escena prototípica del cine de Hollywood en la actualidad -la persecución como estado mental, entre el heroísmo individualista y la paranoia colectiva. 

La pornografía: ¿educador sexual o manipulador de información?

Sociedad

Por: PijamaSurf - 10/04/2017

"La pornificación de todo es el modelo de trabajo de la televisión comercial y de la publicidad en Internet"

La pornografía se ha convertido no sólo en una alternativa erótica para adultos, sino también en un educador sexual para muchos jóvenes. Gracias a esto, la incidencia de accidentes e infecciones relacionados con prácticas sexuales cargadas de ignorancia ha aumentado en hospitales y centros de salud. Por ejemplo, muchas mujeres y hombres entran por Urgencias al haberse introducido, sin tener información ni conocimiento adecuado, bolas chinas de manera dolorosa y errónea.

Sin embargo, el consumo –no informado, no regulado, no consciente– de la pornografía puede alcanzar niveles muy profundos en el inconsciente y los procesos neurológicos. Al ver una escena erótica en donde al simple tacto del dedo sobre el brazo, la mujer gime de placer, un chico o una chica puede considerar que esa es la conducta normal y esperada durante el acto sexual: no obstante, no hay conciencia de que la excitación requiere de un proceso que va desde la estimulación de las zonas erógenas –labios, cuello, pezones, piernas, vulva, pene…– hasta la plena atención en las sensaciones durante el acto.

Y conforme el consumo inconsciente del porno se va regularizando, los niveles de adrenalina generados se van asimilando en el sistema nervioso central del cerebro. Es decir, el sistema nervioso normaliza el acto sexual resultando en un mayor deseo y consumo, por lo que el efecto final es similar al de una droga. Aunque esto es una reacción neurológica normal ante los niveles de adrenalina, surge el problema cuando en el video se evidencian conductas agresivas pues se aprehenden, se replican y se vuelven adictivas. Por lo tanto, no nos queda más que preguntarnos: ¿cuáles son las consecuencias de estas imágenes en nuestros cerebros, mentes, corazones y sociedades?

En palabras de Andrew Brown, columnista de The Guardian, el problema de la pornografía radica no en los actos, sino en las actitudes. Para él, si en la adultez no se entiende bien el concepto de consenso (la aceptación consciente), ¿cómo es que podrán entenderlo chicos de 15 años que se ven presionados socialmente y no comprenden racionalmente lo que están viendo a través de la pantalla?

Brown dice:

La pornificación de todo es el modelo de trabajo de la televisión comercial y de la publicidad en Internet. No se trata tan sólo de sexo. Las fantasías de control, dominación y gratificación inmediata son ahora los ideales en la transacción comercial. Son lo que cada publicidad promete. […] Como el porno, se alimenta de un apetito que no puede ser saciado, uno que sólo crece con los fantasmas que nosotros alimentamos. Es por esta razón que la idea de fantasía puede ser altamente peligrosa para la comodidad de las personas solitarias. Ya sea una frustración sexual o política, la fantasía pornográfica ofrece una satisfacción que no puede disfrutarse en la vida real; sin embargo, la vida real no puede sustituirse por completo.

Con esto no se quiere satanizar el consumo de la pornografía, sino conscientizarlo para convertirlo en una herramienta útil para una salud sexual segura y plena. Para ello es importante darse cuenta de las actitudes agresivas, misóginas e incluso raciales que se normalizan a través de la cámara y a lo largo del acto sexual.