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El encanto de la luz y el rito colectivo en el Festival Visual Art Week México

Arte

Por: pijamasurf - 11/14/2017

Somos una especie atraída a la luz, el brillo y la unión anímica que representa. Su presencia en la capital del país, ahora más que nunca será innegable

La relación entre la luz y los humanos es muy antigua. Algunos la observan en el dibujo rupestre o el descubrimiento del fuego. Lo cierto es que, su efecto litúrgico, hoy más que nunca nos apasiona. El Festival de luces Visual Art Week en la Ciudad de México es un ejemplo. Su uso de luminiscencias y colores se caracteriza por la reapropiación de lugares citadinos con la meta de crear armonía y diálogo.

Otros de los objetivos de la exposición es exaltar la creatividad de los visitantes. Debido a que la mayoría de las obras son interactivas, muchas de las visitas pueden relacionarse con la pieza en sí. Arte, tecnología y espacio público son los axiomas de Visual Art Week, por lo cual, la interdisciplinaridad y la vanguardia son otros de los elementos que encontraremos en cada una de las instalaciones. La búsqueda de un público para una nueva generación de artistas, que no duda en combinar la ciencia y la estética, es uno de los mayores atractivos del evento, pero no el único. El uso de la ciudad constituye otra de sus fortalezas.

La elección de  las áreas metropolitanas no es arbitraria. Cada zona es elegida acorde al artista, la afluencia de gente y el efecto que se busca crear. Se trata de hacer de la ciudad el escenario ideal para el intercambio y la convivencia. Inclusive, de revitalizar nuestras calles con una nueva óptica. Dentro del marco del festival, también habrá talleres, pláticas, intervenciones urbanas y performances audiovisuales.

Transformar la realidad en un foco incandescente se remonta al año 2015, con una segunda exposición en el 2016, y la respuesta del público ha sido muy positiva. Al fin y al cabo, se trata de volver la ciudad lo que en un principio fue: un lugar habitable y abrumador por su belleza. Las fechas de exposición serán desde el 29 de noviembre del 2017 al 3 de diciembre del mismo año.

Va el lineup de este año:

THE POOL por Jen Lewin (Jen Lewin Studio) (EEUU)

Inspirado por la visión celestial del océano  y los pequeños charcos de agua cuando bajaba la marea, Jen Lewin propone esta instalación para salvaguardar uno de sus recuerdos de infancia más queridos. Pasear a través de estas luces, que podrían parecer la Luna en el agua, pero también son interactivas, lo que permite una experiencia personal y surreal. Podrá encontrarse frente al palacio de Bellas Artes.

 

Shining Triangle de PEAK TIME LAB (MX)

Sabedores de que el triángulo es una de las piezas más importantes de la geometría, el colectivo PEAK TIME lo utilizó en sus instalaciones para representar la armonía, la proporción y montajes visualmente atractivos. Estas dos cualidades lo ligan perfectamente al presente, pasado y el equilibrio natural. Algunas pruebas de esto se observan en el uso del triángulo en otras culturas, como en el budismo o la religión católica.

 

Caminante (HIK+)

Este montaje es una oda tanto a la literatura como a la tecnología. Visualizado como un poema interactivo, la obra narra la tenacidad del mexicano y como ésta lo impulsa a buscar respuestas. La pieza fue creada gracias al Motion Capture Cinema 4D, Coding, Notch, Maya, Houdini y After Effects.

 

POP PAC INTERACTIVE (MX)

Esta es una instalación lumínica y ambiental que, formada por esferas luminosas, crea un techo de burbujas que transforman el espacio en el que se encuentra. El acompañamiento sonoro de la pieza está producido por No Light y recrea la sensación de pequeñas explosiones. Se encontrará al lado del Museo del Templo Mayor.

 

Horizontal Interference por Katarzyna Malejka y Joachim Slugocki (Kasjo Studio) (Pol)

Esta estructura está formada por los colores de una tela que conectan con árboles. La arquitectura que provoca este efecto es una iluminación sencilla pero ingeniosa, ya que se vale de elementos naturales. Por lo mismo, es muchas veces denominada orgánica y su efecto es considerado poético. Se ubicará en el Parque Lincoln Emilio Castelar.

 

FLORA PHILIPP ARTUS (ALE)

Como lo dice su nombre, esta creación alude a la naturaleza y las líneas abstractas que realiza al crecer sus plantas. El espectador tiene la oportunidad de interactuar con la obra y su animación a partir de un touchpad y así diseñar los patrones que emergen. Su animación es generada gracias a ondas sinusoidades que viajan a través de una cadena de líneas. La instalación estará en el Monumento a la Revolución.

9 películas japonesas de terror (y un bonus literario con adaptación fílmica)

Arte

Por: pijamasurf - 11/14/2017

En Japón existe una manera totalmente distinta de entender y expresar el miedo, el terror y otras emociones afines

La penetración actual de la cultura japonesa ha sido suficiente para percibir la diferencia en su manera de acercarse a las cosas y de codificar la realidad. Japón se encuentra en un extremo del mundo no sólo geográfico, sino también creativo, de la imaginación y la fantasía, y quizá esa radicalidad –con respecto a nuestro punto de vista– explica la fascinación que ejerce sobre nosotros.

En el caso del “terror” como género artístico, las expresiones de la cultura japonesa son notables, no sólo por las criaturas, entidades y seres en los que se ha materializado el temor propio de todo ser humano, sino también por la manera de tratar creativamente esas emociones. Al menos en lo que respecta al cine, de manera muy general podría decirse que las películas japonesas del género están inclinadas a provocar el terror del espectador más desde la imaginación que en lo material, es decir, a través de la psicología y no de los efectos observables en una película.

A continuación compartimos una breve selección de cintas japonesas de terror, algunas de las cuales pueden verse gratuitamente en Internet. Finalizamos, además, con una sugerencia literaria para quien quiera internarse aún más en estas regiones sombrías de aquella cultura. 

 

Onibaba (Kaneto Shindo, 1964)

En el Japón medieval, dos hombres deben dejar a sus respectivas mujeres para partir a la guerra. Ellas, suegra y nuera, tienen entonces que defenderse a sí mismas de otros soldados que quieren robarles.

Esta es la trama sencilla y aparentemente lejana de lo terrorífico de una de las mejores películas japonesas del género y uno de sus clásicos indiscutibles. Un ejemplo magistral del manejo psicológico del terror. 

Onibaba, por cierto, es también el nombre que recibe en el folclor japonés un demonio con apariencia de mujer anciana, convertida en un ser maléfico por causa del resentimiento.

 


Hausu (Nobuhiko Obayashi, 1977)

Un grupo de jóvenes, compañeras de escuela, se adentra en un bosque en busca de la casa de la tía de una de ellas. Una vez que la encuentran y entran en el lugar, se desatan fenómenos inexplicables y la casa las devora, una a una.

Una película extraña, cómica, increíble en varios sentidos y, en la coincidencia de todo eso, inesperadamente terrorífica. En su momento fue un éxito de taquilla en Japón, y un fracaso entre la crítica.

 

Ōdishon (Takashi Miike, 1999)

Un productor de televisión pierde a su esposa y decide falsear una audición para encontrar una nueva pareja. En un principio, el truco funciona, y el hombre elige a una de las candidatas, pero conforme ambos comienzan a relacionarse, él descubre que se equivocó al emprender todo este proceso.

Esta cinta es una adaptación de la novela homónima del escritor japonés Ryu Murakami, de 1997 y traducida al inglés como Audition.

 

Kansen (Masayuki Ochiai, 2004)

Un hombre acude a un hospital por causa de una infección en su cuerpo pero el médico le prescribe un tratamiento erróneo, con consecuencias para todo el personal.

Una película de zombis al estilo japonés, que enfrenta al espectador con su propio miedo a lo monstruoso y lo siniestro.

 

Juon (Takashi Shimizu, 2002)

Un hombre asesina a su esposa y a su hijo, y los espíritus de ambos no pueden dejar la casa donde murieron.

Una de las películas más conocidas del horror japonés, que incluso fue adaptada en Hollywood y dio origen a una franquicia.

 

Marebito (Takashi Shimizu, 2004)

Un hombre, camarógrafo amateur, obsesionado por descifrar la naturaleza del miedo, desciende a las profundidades del metro de Tokio para investigar los rumores sobre espíritus que pueden encontrarse en la zona.

Del mismo director de Juon, esta cinta fue recibida con éxito tanto por los espectadores como por la crítica. 

Vale la pena mencionar también que Marebito es el nombre que, en el folclor japonés, recibe una entidad supernatural que proviene de un lugar lejano para obsequiar sabiduría y felicidad.

 

Jisatsu Sākuru (Sion Sono, 2001)

Una ola de suicidios se desata en Japón, sin que las autoridades puedan explicar su origen o la manera en que las muertes parecen estar coordinadas.

Un maestro del horror a quien hemos elogiado antes en Pijama Surf, Sion Sino comenzó a ganar notoriedad internacional por esta cinta en la que un asunto tan polémico como el suicidio es tomado como motivo de una cinta de terror.

 

Kuroneko (Kaneto Shindo, 1968)

En el Japón medieval, un samurái recibe la misión de investigar la muerte de otros guerreros como él, asesinados en circunstancias inexplicables.

Del mismo director de Onibaba, Kuroneko es una cinta que además de representar magistralmente el género del terror, destaca por el uso de las sombras en el desarrollo de la historia para generar ciertos efectos precisos y manipular así las emociones del espectador. Después de todo, en ocasiones el miedo se encuentra más en aquello que no vemos y sólo imaginamos. Kuroneko, por cierto, significa “gato negro” en japonés y, de hecho, el título completo de la cinta es Yabu no Naka no Kuroneko, Un gato negro en un bosque de bambú.

 

Kurutta Ichipeiji (Teinosuke Kinugasa, 1926)

Un hombre se siente culpable por la locura de su esposa, desatada luego de los maltratos que le infligió. Ante esta situación, decide liberarla del manicomio donde está recluida y donde él trabaja como conserje.

Una película silente que, por esto mismo, tal vez sea difícil de apreciar, pero que sin duda vale la pena ver y conocer. Su valor histórico reposa también en el hecho de que se trató de una pieza de vanguardia en la que trabajaron varios artistas japoneses, entre ellos Yasunari Kawabata, Nobel de Literatura en 1968, que escribió la historia original de la cinta y contribuyó en la redacción del guión cinematográfico. 

 

BONUS: Kwaidan

El nombre de Lafcadio Hearn no es muy conocido, pero sin la obra de ese hombre genial (y con una historia personal sumamente interesante), nuestro conocimiento de la cultura japonesa sería muy distinto. Nacido en Grecia, de padre irlandés, educado en Europa, tuerto y disminuido, redactor en periódicos y revistas estadounidenses, viajero incansable que encontró en Japón lo que tanto había buscado en otras regiones del mundo, Hearn destacó en la escritura y especialmente como contador de historias. Entre otras muchas cosas, relató a su manera algunas leyendas de misterio y horror del folclor japonés, muchas de las cuales escuchó de voz de su esposa, Setsuko Koizumi, y que reunió bajo el título Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things (1904). Kwaidan se puede traducir como “historias de fantasmas”.

Una adaptación de cuatro de esas historias se realizó en 1965, bajo la dirección de Masaki Kobayashi, una cinta sumamente celebrada por la crítica.

Por su año de publicación original, 1904, el libro de Hearn es parte ya del dominio público y, por lo mismo, puede encontrarse digitalizado en varios sitios de Internet. En este enlace ofrecemos la versión del sitio The Public Domain Review.

En español la editorial Valdemar, especializada en los géneros del misterio y el terror, publicó hace un par de años la primera selección en nuestro idioma de los cuentos de Hearn, con el título Kwaidan y otras leyendas y cuentos fantásticos de Japón.

 

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