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Estos retratos de mujeres “poco femeninas” nos invitan a reflexionar sobre el género y su construcción social

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/07/2017

¿Qué es lo femenino? ¿Qué es lo masculino? ¿Cómo se construyen y dialogan ambos conceptos?

En los últimos años las discusiones sobre la construcción del género han tomado una relevancia que, quizá, es única en la historia. Lamentablemente, ese mismo diálogo suele estar empañado por la ignorancia y la obcecación de quienes desde posiciones absurdas se niegan a mirar la desigualdad con que se definieron, poco a poco y a lo largo de muchos siglos, los conceptos de hombre y mujer, su alcance individual y social y sus varias posibilidades de expresión (o represión). 

La idea de “patriarcado” no es una invención del feminismo, sino un hecho histórico que puede observarse incluso en un examen somero de las condiciones en que hombres y mujeres se han desarrollado en Occidente: basta tomar un período histórico al azar (la Edad Media, la época industrial, la generación de nuestros padres, etc.) y preguntarnos cómo vivían las mujeres entonces, si podían o no hacer las mismas tareas que los hombres, si tenían condiciones para desarrollarse, etc. En la mayoría de los casos, la respuesta será negativa. En la mayoría de los casos, se observará que este ha sido un mundo de hombres hecho para los hombres.

Ante esta situación, desde cierto punto del desarrollo de la cultura al que hemos llegado surge la pregunta de si es posible hacer algo al respecto, y qué en específico. Es decir, si es posible modificar colectivamente la construcción del género. Acompañamos esta reflexión con estos retratos de mujeres tomados en la década de 1930. Como vemos en las imágenes, se trata de “tomboys”, una palabra en inglés que ya en su construcción expresa una suerte de señalamiento poco amable hacia la mujer a la que se le aplica. Grosso modo, las tomboys son mujeres cuyo comportamiento, actitud, manera de vestir, etc., tiende hacia “lo masculino”. Una tomboy puede ser lo mismo una niña a quien le gusta correr y trepar por los árboles y pelear con su cuerpo, que, como en estas imágenes, una mujer que lleva el cabello corto y usa pantalones y camisas.

Dicho así, lo cierto es que puede sonar ridículo. ¿Por qué una niña no podría trepar un árbol? ¿Por qué una mujer tendría que recibir una palabra especial por las ropas que prefiere? Sin embargo, sabemos bien que la cultura humana abunda en despropósitos como éste.

Las imágenes son obra de Marianne Breslauer, una fotógrafa de origen alemán cuya trayectoria fue breve pero sustancial. A inicios de la década de los años 30 del siglo XX vivió en París, donde se hizo también alumna de Man Ray y, en razón del antisemitismo que se avivó en esta época, encontró serias dificultades tanto para desarrollar su trabajo como para presentarlo bajo su nombre. Si bien durante un tiempo encaró estas adversidades, al final terminó por abandonar la fotografía y, después de mudarse a Suiza en plena segunda guerra mundial, se dedicó a comerciar con obras de arte.

¿Qué lugar puede tener la igualdad en medio de la diferencia? La respuesta a esta pregunta quizá es mucho más elemental y sencilla de lo que creemos, pues contrario a lo que algunos podrían pensar, la idea de igualdad de género no aspira a construir un mundo donde las mujeres se conviertan en hombres (lo que sea que eso signifique), sino sólo un mundo más justo, más equilibrado, en donde la condición de mujer no tenga por qué ser una desventaja a priori para poder vivir plenamente.

 

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28 tareas para los hombres que harán un mejor mundo para las mujeres

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/07/2017

Hombre: atrévete a cuestionar tus privilegios de género

Especialmente en las últimas semanas, el reclamo de las mujeres por vivir en una sociedad verdaderamente equitativa ha tomado una notoriedad importante. 

En Estados Unidos, la indignación desatada por el despreciable comportamiento del productor de cine Harvey Weinstein –quien durante décadas se sirvió de su influencia en Hollywood para abusar de jóvenes actrices y modelos– provocó también otras reacciones en otros lugares del mundo e incluso en esa zona en cierta forma sin fronteras que es la realidad digital, en donde los hashtags #metoo (“yo también”) y #balancetonporc (que podría traducirse como “exhibe a ese puerco”) coincidieron en redes sociales para denunciar situaciones de acoso sexual sufridas en el lugar de trabajo o en otros contextos.

En esta coyuntura, The Guardian publicó una columna en la que Nicole Silverberg, escritora y comediante, enlista 28 acciones que los hombres deberían poner en práctica si de verdad quieren hacer de este un mundo en donde ser mujer no tenga por qué ser una desventaja. 

Las traducimos a continuación. El original puede encontrarse en este enlace.

Imagen: Kaye Blegvad

Habla con ese amigo del trabajo que es "raro" con las mujeres.

No interrumpas a una mujer que está hablando.

Cuando te des cuenta de que otro hombre interrumpe a una mujer que hablaba, señálalo: “¡Oye! Ella estaba diciendo algo”.

Si te piden sumarte a un equipo de trabajo y ves que todos los integrantes son hombres, di algo. ¡Incluso declina participar!

¡Aprende a leer un maldito espacio!

No llames a una mujer “loca” en un ambiente profesional.

No uses tu “feminismo” como una estrategia para hacer que las mujeres confíen en ti. Demuéstralo en tu vida cotidiana, no en la autocomplacencia de tus redes sociales.

No toques a mujeres que no conoces y, honestamente, pregúntate por qué sientes la necesidad de tocar a las mujeres en general.

¿Sientes como si cada mujer en el mundo te debiera algo? No es así. Incluso si eres de los que piensan que “al menos respeto”, pregúntate si tú las respetas de la misma manera.

No envíes fotos de tu pene a menos que la mujer con la que hablas te las pida.

Si una mujer te dice NO a una cita, no le pidas una de nuevo.

Si una mujer no dio un SÍ entusiasta a la idea de tener sexo, ¡no intentes más!

Si una mujer está sumamente alcoholizada, no puede consentir a hacer algo que le propones ni puede consentir ante ese amigo tuyo que intenta hacer algo con ella. Tu amigo también es tu responsabilidad, así que dí o haz algo al respecto.

Si haces lo correcto no esperes elogios, recompensas, una palmada en la espalda y ni siquiera un agradecimiento. Enhorabuena: pudiste mantenerte en la linea de lo decente.

Involucra a mujeres en tus proyectos creativos y permite que participen de manera equitativa.

No repitas chistes misóginos.

No esperes que las mujeres sean “lindas” o “bonitas” y no te sientas defraudado si no son así.

No uses la manera de vestir de una mujer para hacer presunciones sobre su inteligencia, sus capacidades o sus deseos.

Paga a las mujeres tanto como pagarías a un hombre,

Si una mujer te dice que arruinaste algo y te sientes devastado, no intentes desquitarte con ella para sentirte mejor. Discúlpate sin restricciones y vete.

No castigues a una mujer por ser testigo de tu vulnerabilidad.

No te pongas a la defensiva cuando seas señalado.

No tienes que, literalmente, mirar a un hombre ser horrible con una mujer para creer que es así. Confía y cree en las mujeres.

No uses tu posición de poder para obtener atención, compañía, sexo, etc., de las mujeres.

Haz consciente tu posición de poder inherente en ciertas situaciones y úsala para proteger a las mujeres (en especial, hablando con otros hombres).

Deja de pensar que porque tú también eres marginado o un sobreviviente no puedes por ello infligir dolor u oprimir a las mujeres.

Si el dolor de las mujeres te hace sentir dolor, no pongas el tuyo por encima del de ellas, ni hagas de tu dolor un problema de ellas.

No leas una lista como esta pensando que la mayoría de los puntos no aplican contigo.

 

Si eres hombre y llegaste al final de esta lista, sólo agregamos una última recomendación: atrévete a interrogar tus privilegios como hombre. Es cierto: no es algo que pediste, sino que simplemente se te da. Pero es algo que puedes rechazar o, como dice Silverberg en uno de sus puntos, recalibrar para ponerlo al servicio de la equidad. Y, por una vez en tu vida, no esperes que esa actitud te sea reconocida.