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Si queremos proteger a las abejas debemos prohibir este químico

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/13/2017

Insecticida asociado con el declive de la población mundial de abejas debería ser prohibido en todo el mundo, según evidencia

Las abejas, y en general los insectos polinizadores, son vitales para la gran mayoría de las formas de vida en el planeta. Se suele citar una frase atribuida a Einstein de que si las abejas desaparecieran del mundo, en unos pocos años la humanidad las seguiría. En los últimos años, hemos presenciado un preocupante colapso en las poblaciones de abejas en buena parte del mundo. Desde 1987 el 29% de las especies de abejas se ha incrementado, pero el 49% ha declinado. Y diversa evidencia fundamenta la noción de que aproximadamente la mitad de la población de abejas solitarias ha declinado.

El colapso de las abejas ha sido un tanto misterioso, aunque hoy en día sabemos que se debe a múltiples factores, entre ellos el uso extremo de pesticidas tóxicos. Uno de ellos, la familia de insecticidas neonicotinoides, se encuentra bajo estricto escrutinio después de numerosos estudios que apuntan a que juega un papel determinante en dicho colapso. 

Una reciente investigación mostró que en lugares donde se usó este insecticida la población de insectos voladores decreció hasta en un 75%. Una comisión europea ha determinado que existe suficiente evidencia para prohibir estos químicos en todos los cultivos, incluyendo aquellos de plantas no florales. Cuando son usados  en un cultivo sus residuos se diseminan a otros, aunque no se use este insecticida. Se ha encontrado también que los neocontinoides permanecen en la tierra hasta años después de su aplicación.

Estos insecticidas, que son de los más usados en el mundo, tienen efectos en el sistema nervioso central de los insectos y en general son sumamente tóxicos. En Francia ya se ha pasado legislación que prohibirá la utilización de estos insecticidas a partir del 2018; el secretario de medio ambiente del Reino Unido ha anunciado que buscará implementar medidas similares. La Unión Europea podría prohibirlos completamente. Sin embargo, en América, donde se usan abundantemente, esta discusión se ha demorado, quizás por el lobby de importantes compañías como Shell y Bayer, quienes desarrollaron estos insecticidas. 

Resbaloso y asombroso... este caracol africano excede todas nuestras expectativas sobre el tamaño con que solemos imaginar a sus congéneres

Al pensar en las criaturas que viven bajo el suelo de un jardín, seguramente la mayoría de nosotros pensará en criaturas viscosas, que se arrastran o vuelan, que suelen tener una estructura anatómica sumamente peculiar pero, por encima de todo esto, de tamaño más bien reducido.

Y qué fortuna que sean pequeños, pensarán otros más, pues esas mismas características hacen que algunas personas los encuentren repugnantes, terroríficos o al menos poco agradables.

De ahí también que cuando descubrimos insectos que exceden nuestras expectativas no sepamos cómo reaccionar, si con asombro o con miedo, si elogiando a la naturaleza por sus creaciones o admirándola desde una distancia segura.

Las imágenes que acompañan esta nota muestran al Achatina achatina, nombre científico del caracol terrestre más grande del mundo, al que coloquialmente se conoce como caracol gigante de África, caracol gigante de Ghana y caracol tigre. Dicha nomenclatura, por cierto, proviene de la palabra en griego antiguo para “ágata”, misma que alude a los colores de la concha del animal.

Este molusco terrestre (que, vale la pena remarcar, no debe ser catalogado como insecto) puede crecer hasta los 30cm de longitud, con una concha de 10cm de diámetro. Como su nombre indica, es natural de ciertas regiones de África, en especial de las costas del oeste del continente, en países como Sierra Leona, Togo, Ghana, Nigeria y Costa de Marfil, entre otros.

Se trata, por supuesto, de una especie inofensiva, salvo quizá por su elevada capacidad de proliferación, lo cual la puede convertir rápidamente en una plaga cuando es introducida en hábitats que no le corresponden. En este sentido, quizá debería agradecerse que no sea como el raro caracol carnívoro de Nueva Zelanda, del que hemos hablado antes.

Las imágenes, por último, son obra de Adrian Kozakiewicz, quien se presenta a sí mismo en redes sociales con el singular título de “uno de los mayores criadores de insectos en Europa”.

 

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