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Axila de vagina: la nueva parte del cuerpo de la cual te puedes sentir avergonzada por tu imperfección

Salud

Por: pijamasurf - 12/01/2017

Evitar una "arm-vagina", la nueva neurosis con la que deben lidiar las mujeres que buscan ajustarse a los estándares de belleza ideal

Para las mujeres que no tenían suficiente de que preocuparse por las expectativas irreales de belleza, ahora se ha empezado a viralizar la idea de que es importante tener una axila perfecta. Una axila que no se parezca a una vagina. 

El término "arm-vagina" fue acuñado -aunque es un poco ridículo hablar de esto como si se tratara de algo académico- por Jennifer Lawrence en una entrevista en una alfombra roja, cuando bromeó que tenía una axila de vagina, por tener allí grasa o gordura, la cual forma una línea como la de una vagina, especialmente cuando se usa un vestido apretado. En realidad, estrictamente casi todas las personas del mundo tienen una axila de vagina, así que otra vez se trata de una preocupación irreal, una neurosis para las masas producida por una condición natural.

El término luego apareció en el popular Urban Dictionary. Unos cuatro años después, medios bastante serios como The Guardian, han identificado que ahora existe una tendencia en el cuidado de la belleza de buscar la axila perfecta y evitar la axila de vagina. Algo que es bastante ridículo si no fuera porque numerosas mujeres sufren de gran presión para adecuarse a una imagen corporal atractiva según paradigmas globales que suelen ser definidos por celebridades.

Así que, en este sentido, hay que decir, para evitar la autoflagelación femenina, que este fenómeno de tener una axila de bebé o de Barbie, es una cosa que, de tenerse, no rendirá realmente ningún beneficio. Hay otras cosas más importantes por las cuales preocuparse. Como explica una periodista en The Guardian: "Los hombres en la vida real no van rechazando a las mujeres solamente porque sus axilas podrían estar más tonificadas".

Investigador contrasta los beneficios de la cantidad con la calidad de sexo

Salud

Por: pijamasurf - 12/01/2017

Para George Loewenstein, profesor de economía y psicología de la Universidad Carnegie Mellon, una mayor cantidad de sexo no forzosamente se traduce en mayor felicidad individual ni en la pareja

Cuando se trata de sexo, ¿acaso más es mejor? Si bien esta creencia se popularizó en la década de los 50 -mediante un experimento en donde un grupo de ratas prefirió pulsar un botón que estimulaba una región cerebral para producirse la sensación de un orgasmo, que sobrevivir ante la hambruna-, investigaciones recientes podrían indicar lo contrario y, por lo tanto, provocar polémica. 

Para George Loewenstein, profesor de economía y psicología de la Universidad Carnegie Mellon, una mayor cantidad de sexo no forzosamente se traduce en mayor felicidad individual ni en la pareja. De hecho, puede provocar el efecto contrario: el de la infelicidad. 

Algunos estudios han resaltado la relación entre una mayor cantidad de sexo y la euforia de recibir 150 mil dólares estadounidenses. Sin embargo, este tipo de investigaciones, planteadas desde una premisa mal entendida del sexo, promueven falsas creencias sobre las prácticas sexuales, la frecuencia de sexo y la felicidad. Además, aclara Loewenstein, estos estudios nunca determinan cuál elemento -sexo o felicidad- es la causa y el efecto, ignorando otros factores que influyen como la ubicación geográfica, edad, preocupaciones, entre otros. Es decir, "aunque parece plausible que el sexo puede tener efectos benéficos sobre la felicidad, es igualmente plausible que la felicidad afecta al sexo... O que haya una tercera variable, como la salud, que afecta a ambos".

Por ello, el equipo de Loewenstein diseñó un experimento, con la intención de responder claramente a esta incógnita: primero buscaron medir la felicidad en las parejas con su rutina sexual cotidiana; después, dividieron a las parejas en dos grupos: a uno le solicitaron tener el doble de sexo de lo normal, y al otro, no cambiar nada de su vida sexual; finalmente, compararon el nivel de felicidad experimentado en relación con el sexo al final del experimento. La investigación se llevó a cabo durante 90 días en 64 parejas heterosexuales de entre 35 y 65 años. 

La comparación se hizo mediante un cuestionario en línea que las parejas respondían al final de cada día. Las preguntas estaban enfocadas en descubrir el nivel de satisfacción con cada sesión sexual -la calidad del sexo-. 

La respuesta sorprendió a los investigadores: "Contrario a lo que uno puede imaginar de la relación causal entre la frecuencia sexual y la felicidad, observamos un impacto negativo y débil en el estado de ánimo de las personas que tienen más sexo". Es decir que en general, una mayor cantidad de sexo no se traduce en un mayor disfrute de la sexualidad en la pareja. Por esta razón, se concluye que es la calidad -y no la cantidad- del sexo lo que puede mejorar el bienestar y la felicidad tanto de un individuo como de la pareja.

Después de todo, se trata de estar en el aquí y el ahora para disfrutar realmente del regalo de los dioses...