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Estas son las 3 cosas esenciales que necesitas para desarrollar disciplina a la japonesa

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/07/2017

Los japoneses se destacan por su disciplina: estos son sus principios rectores

Según el popular conferencista Yoyoi Kenji, lo que distingue a los japoneses, más que la creatividad o el talento, es la disciplina. Por ejemplo, los japoneses son dueños de muchas de las compañías de tecnología más importes del mundo, pero ellos no han inventado los productos que venden: ni las televisiones, ni los automóviles, ni los teléfonos ni nada de esto. Pero por su disciplina logran establecer compañías sumamente sólidas y rentables. La forma en la que se recuperaron después de la Segunda Guerra Mundial ha sido inspiración para muchos emprendedores en todo el mundo. Además de de que históricamente cuentan con ejemplos de disciplina radical como los monjes zen, los ninjas y lo samurai. 

Los japoneses, dice, son sumamente pragmáticos, creen que la disciplina incluso supera a la inteligencia. Porque una persona capaz de aplicar sostenidamente su voluntad a una tarea puede desarrollar cualquier cosa y afianzar todo el talento que tiene,

Kenji explica que la disciplina se desarrolla a través de tres características básicas: "la organización, la limpieza y la puntualidad". La organización es obviamente una forma de ahorra tiempo y hacerse más eficientes "En la primera, por ejemplo, los japoneses bautizan lugares de la casa para encontrar todo: llaves, zapatos, camisas etc. De esta manera todo está en orden." La limpieza y el orden son tanto externos como internos, los japoneses creen que un espacio sucio y desordenado afecta la mente de manera negativa. "Luego está la limpieza: sacar de la casa eso que no necesitamos y retirar del clóset la ropa que no usamos hace seis meses es clave".  Esto literalmente nos da espacio para ser y pensar. "Y por último, está la puntualidad con el tiempo con los horarios y citas. Al unir estos tres factores nace la disciplina". La puntualidad también tiene que ver con cumplir con nosotros mismos las cosas que nos decimos vamos a hacer para desarrollar hábitos positivos y no debilitar la propia voluntad. 

Una cosa importante que Kenji nota es que, las personas Latinoamérica no suelen valorar la disciplina, creen que el talento es lo más importante. En este sentido la perspectiva de Yoyoi Kenji es privilegiada ya que él es colombiano-japonés por lo cual conoce bien ambas culturas. Sí bien considera que los latinos tienen mucho talento, cree que una de las razones que detienen el desarrollo, particularmente el económico, de estos países es la falta de disciplina. A lo que que quizás hay que añadir que la disciplina suele ir ligada de la moralidad y la integridad -algo de lo cual muchos de estos países carecen, al menos entre sus líderes. 

 

El autorespeto, la cualidad que nos ayuda a sobrepasar al fracaso

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 12/07/2017

Para Joan Didion, ensayista, novelista y antigua investigadora para Vogue Magazine, la habilidad que podría llevarnos al éxito o al fracaso es el autorespeto -self-respect-

Supongamos la historia de una chica en una relación de pareja con alguien emocionalmente indispuesto; otra, de un hombre que cuando apenas consigue un trabajo ya está planificando la manera de alcanzar un puesto superior en otra empresa o una vida en otro sitio; y la de una mujer con una amplia preparación y experiencia profesional que tuvo que mudarse de país por su matrimonio y no encuentra trabajo en su nuevo hogar. Todas estas anécdotas, variadas en su origen psíquico, muestran un punto de no retorno o una crisis que puede promover el crecimiento o la decadencia de una persona.

Para Joan Didion, ensayista, novelista y antigua investigadora para Vogue Magazine, la habilidad que podría llevarnos al éxito o al fracaso es el autorespeto (self-respect). Si bien, como explica Didion, el autorespeto se le conocía antiguamente como “carácter”, se trata realmente de “la voluntad para aceptar la responsabilidad de la vida de uno”; es decir, de enfrentarse a las decisiones -buenas o malas- que se tomen, aceptar sus consecuencias y comenzar a evolucionar según sea lo necesario.

Por ello, cuando uno tiene en frente la decisión de seguir o dejar una relación de pareja que no brinda bienestar, de seguir huyendo o mantenerse en un sitio para “echar raíces”, o de regresar hacia donde existe estabilidad laboral o de quedarse con un compañero de vida, es importante poseer la “habilidad de discriminar, amar y permanecer estoico”. No se trata de “encerrarse en uno mismo” - paradójicamente incapaz de amar o diferenciar las acciones saludables de las negativas y volviéndonos “ciegos ante nuestras debilidades fatales - ni de alienar al self a un estilo de vida anhedónico en donde “uno huye para encontrarse y no encuentra a nadie en casa” ni “de ser encantadores con las serpientes, algo que las mantiene encerrados en una especie de Edén eterno, sin camas extrañas, conversaciones ambivalentes y problemas en general”, sino de ser capaces de desarrollar “cierta disciplina en donde uno vive haciendo cosas que en ocasiones no se quiere particularmente hacer en ese momento, dejando a un lado los miedos y dudas, ponderando entre los conforts más inmediatos y la posibilidad de conseguir unos más grandes aún si son intangibles en ese instante.”

Este tipo de disciplina, menciona Didion, es un “hábito de la mente que nunca puede ser fingido, pero desarrollado, entrenado, fortalecido.” A través del entrenamiento de pequeñas rutinas que regulen tanto fisiológica como psicológicamente, es posible desarrollar otras disciplinas aún más fuertes como el despertarse temprano para ejercitarse o trabajar en proyectos personales, gozar de los beneficios del agua fría después de una ducha, procurarse emocionalmente asistiendo a terapia, practicando meditación, cumpliendo acciones de apapacho… Es como si fuese un ritual que nos ayuda a recordar quiénes y qué somos, a discriminar tanto las creencias como las expectativas de otras personas sobre uno y que nos someten a cumplir acciones en contra del bienestar propio, a reconstruir un autoconcepto a favor del autorespeto, y a aceptar los cambios -buenos o malos- que no dependen de uno, pero sí sus reacciones en consecuencia. Por ello, a la hora de enfrentarnos a una toma de decisión, a un fracaso o una crisis, es cuando más debemos prestar atención a las pequeñas rutinas que fortalecen una rutina mayor: la del autorespeto. Principalmente porque son éstas las que permiten la expansión de un verdadero self para alcanzar un mejor nivel de bienestar propio – sin permitir la influencia de personas externas -.