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6 hábitos tóxicos en una pareja: cómo se presentan, por qué son nocivos y qué hacer al respecto

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/01/2018

Estos son los 6 hábitos tóxicos más comunes en una relación de pareja (y algunas sugerencias para salir de ellos)

Amar es sencillo. No tanto así, llegar a ese momento de la vida en que es posible hacerlo. Un poco menos aún encontrarse en una relación con otra persona en la que ese vínculo se consolide en una relación auténticamente amorosa, de confianza mutua, de seguridad, placer y todos esos elementos que sostienen al amor en la cotidianidad.

Con cierta frecuencia, antes de llegar a ese punto, hay que pasar por algunos tropiezos, hay que intentar y equivocarse e, incluso, pasar algunos malos tragos. Y más allá de que esto sea así invariablemente o no, lo más importante es aprender para evolucionar, tomar cada experiencia de vida como un aprendizaje y un motivo de reflexión que nos permita amar y ser amados en plenitud.

A continuación compartimos una lista de seis hábitos sumamente comunes de la vida en pareja que, sin embargo, contribuyen a minarla y a desgastarla. A partir de la caracterización del blogger Mark Manson señalamos su descripción, una breve explicación al respecto, y ofrecemos algunas sugerencias para solucionarlos y salir de ese laberinto tortuoso de la toxicidad.

 

1. “Llevar la cuenta”

Cómo se presenta

Muchas personas integran a su relación de pareja una especie de “marcador” en el que llevan la cuenta o de lo bueno que hacen personalmente o de las fallas de su compañero (a) casi siempre con la intención de, eventualmente, poder usar esos "logros" o esos "errores" a su favor.

Por qué es tóxico

La manipulación nunca es sana, en ningún vínculo, y menos aún para una relación de pareja. Vivir bajo la idea de que una persona tiene gestos de amabilidad para después cobrárselos o que guarda memoria de los errores para permitirse a su vez “equivocarse” de vez en cuando habla de una falta de madurez emocional e incluso de cierta incapacidad de amar sinceramente y, en todo caso, de un vivir la relación de pareja como si se tratase de una competencia en la que importa ganarle al otro, ser superior.

Qué hacer al respecto

Si algo te molesta, dilo en el momento o cuando sea oportuno. No guardes tus molestias para utilizarlas después. En cuanto a los actos positivos, hazlos de corazón, no porque pienses que con ellos ganas puntos a tu favor. En ambos casos, piensa también por qué actúas de esa manera: ¿qué ideas tienes sobre el amor y la vida en pareja que te llevan a experimentar tu relación con rivalidad, reproches y manipulación? 

 

2. Incurrir en actos pasivo-agresivos

Cómo se presenta

El malestar en la pareja se manifiesta a veces en forma de indirectas verbales o de conducta. Una persona, por ejemplo, está molesta por algún motivo pero, en vez de manifestarlo claramente, evita a su pareja, se muestra seria o enojada pero no dice por qué, o realiza comentarios agresivos o hirientes disfrazados de bromas. 

Por qué es tóxico

Las relaciones de pareja son relaciones de amor en las que la agresividad no tiene lugar, ni siquiera bajo estas formas que equivocadamente se consideran poco lesivas. 

Qué hacer al respecto

Como en el punto anterior, si algo te molesta trátalo directamente con tu pareja. Lo mismo si quieres algo. En ese sentido, no pidas lo imposible, que en este caso significa que el otro lea tu mente y encuentre el motivo de tu pesar o tu deseo. 
Si estás en una relación con una persona así y este hábito te incomoda, háblalo con tu pareja.

 

3. Intentar retener al otro

Cómo se presenta

Hay personas que pretenden conservar el amor y el afecto del otro por medio de chantajes. Ante la más mínima señal de desencuentro con su pareja, su respuesta emocional es desmedida. Frases como “Ya no me quieres”, “Me vas a dejar” o “Estás saliendo a alguien más” pueden llegar a escucharse.

Por qué es tóxica

Los chantajes son quizá uno de los venenos más tóxicos para una pareja, pues entre sus varios efectos está que pueden crear un ambiente de desconfianza general o de peleas frecuentes en el cual alguno de los involucrados duda en manifestar sus emociones, sus deseos, sus desacuerdos y en general todo lo relacionado con la vida en pareja por temor a la reacción del otro. Paradójicamente, este esfuerzo de retener al otro suele culminar en el punto diametralmente opuesto: la separación y el rompimiento.

Qué hacer al respecto

Deshacerse de este hábito puede no ser sencillo, en especial porque lo más probable es que esté enraizado en tu estructura emocional, psíquica y afectiva. De entrada, intenta frenarlo. Intenta preguntarte por qué sientes que necesitas “encadenar” a la otra persona con ese tipo de reclamos o por qué sientes que necesitas hacerlo sufrir de esa manera. ¿Sientes que el amor necesita del malestar y las peleas constantes? ¿Sientes que nunca valdrás lo suficiente como para que alguien quiera estar contigo? 

 

4. Esperar que tu pareja sea tu salvavidas emocional

Cómo se presenta

Una persona tuvo un problema en su trabajo, quizá ese día discutió con su jefe o con algún compañero de oficina; tal vez tuvo un desacuerdo con su papá o su mamá o con algún otro miembro de su familia; al encontrarse con su pareja el conflicto explota y, por alguna extraña razón, la pareja termina teniendo la culpa de lo que le pasó a la otra persona.

Por qué es tóxico

La dificultad para identificar nuestras propias emociones y separarlas de las de los demás es un fenómeno propio de una etapa infantil, en donde las figuras tutelares (padre, madre, etc.) suelen hacerse cargo de nosotros. Aunque el amor tiene posibilidades de desarrollarse en un ambiente así, una relación de pareja de este tipo puede derivar en vínculos de dependencia poco sanos, casi siempre en forma de un círculo pernicioso en el que uno de los integrantes de la pareja siempre tiene problemas que el otro tiene que acudir a resolver.

Qué hacer al respecto

Conocer nuestras propias emociones y aprender a manejarlas en favor de nuestro bienestar no es la tarea más sencilla de la vida; sin embargo, es posible realizarla con éxito. Un paso elemental es aprender a distinguir no a los “culpables” sino a los responsables de cada una de las acciones que provocan un conflicto, una reacción emocional desesperada y también una solución posible. Responsables entre los cuales también te encuentras tú. La madurez emocional consiste, en buena medida, en asumir la responsabilidad sobre tus actos, tus decisiones, tus palabras y tus omisiones; se trata de darte cuenta de que hay cosas que nadie más va a hacer por ti –defender, pedir, preguntar, etc.–, ni tu pareja, ni tus padres. Nadie más que tú puede hacer ese trabajo emocional y recorrer ese camino.


5. Celos patológicos

Cómo se presenta

La expresión de los celos desmedidos puede tener muchas variantes. Hay quien se aparece de pronto y sin avisar en un lugar donde sabe que estará la otra persona (el trabajo, por ejemplo), como si con eso esperara sorprenderla en compañía de alguien más. Otras personas revisan la ropa usada de su compañero(a) o, en tiempos más recientes, su teléfono portátil o sus cuentas de mensajería o de redes sociales, en busca de evidencia comprometedora. También hay quien realiza llamadas frecuentes a lo largo del día para saber dónde está la pareja, qué hace y con quién está. La celotipia también puede provocar peleas en público, suscitadas incluso por el más mínimo intercambio social de la pareja con otra persona.

Por qué es tóxico

La idea de que los celos son propios del amor está sumamente extendida y quizá por eso también se llega a hablar de ciertos celos “sanos” dentro de las relaciones de pareja. Más allá de este debate, es claro que cuando los celos dañan tanto a quien los siente como al otro, la relación de pareja se nubla y en especial se desgasta por causa de la desconfianza constante con que se considera a la otra persona.

Qué hacer al respecto

¿Te has preguntado por qué no puedes confiar en tu pareja? ¿Por qué vives el amor desde la desconfianza? ¿Sientes que nadie es capaz de amarte real y sinceramente? ¿Por qué temes tanto que haya alguien más o que alguien “te quite” el amor de tu pareja? ¿Qué piensas que tendría que hacer la otra persona para satisfacer por completo tus estándares de fidelidad y confianza? ¿Crees que esto es justo para el otro? Estas son algunas preguntas que puedes hacerte para darte cuenta de que los celos no son propios del amor, esto es, no es un precio que debas pagar para amar y que alguien te ame.


6. Hacer regalos para “solucionar” conflictos

Cómo se presenta

Toda relación humana genera conflictos, la diferencia en las relaciones de pareja es que hay tantas emociones involucradas que a veces el intento de solucionarlos no es el más saludable posible. Así, en ocasiones, un desacuerdo, un acto que se vive como una equivocación, una ofensa, etc., hacen que una persona busque “desagraviarse” con la otra a través de una especie de ofrenda o tributo: un regalo costoso, un viaje, joyería, una comida en un restaurante. Con cierta frecuencia, el valor monetario del objeto elegido habla del sentimiento de gravedad con que la persona vive su falta con respecto al otro.

Por qué es tóxico

Pocas conductas son tan perniciosas para la vida en pareja como evitar confrontar los problemas y hablarlos directamente. En vez de señalar el conflicto e intentar encontrar una solución al respecto, el “regalo” pretende ocultarlo, evadirlo. Y como sabemos bien, todo eso que arrumbamos en un clóset o en un cajón eventualmente termina por desbordarse y salir a la luz. 

Qué hacer al respecto

De entrada, frena este hábito, hazlo consciente. La próxima vez que surja un problema con tu pareja, en vez de intentar “comprar” su perdón, háblalo: discúlpate, acepta que te equivocaste y llega a un acuerdo para solucionar el conflicto. En pocas palabras, hazte responsable de tus palabras y tus actos, tanto en el problema como en la solución. Reflexiona también sobre tu impulso inconsciente por evitar confrontar el conflicto, por qué lo vives como una culpa que la otra persona tiene que perdonar, o por qué sientes esa necesidad de “congraciarte” en vez de manifestar claramente tus sentimientos.

¿Y el otro involucrado?

En todos estos casos, la recomendación del “qué hacer” se enfocó en la persona que actúa de las formas descritas. ¿Pero qué pasa con el otro en una relación? ¿Qué puede hacer quien recibe los celos, quien recibe los chantajes, quien parece tener la obligación de solucionar siempre los problemas de su pareja? 

Más allá de seguir el impulso de querer “cambiar” al otro (un acercamiento tan común como equivocado), vale la pena preguntarse por el lugar que se tiene en esa relación, si eso es lo que se desea y si hay alguna ganancia emocional de por medio al ser partícipe de estos hábitos tóxicos. Tal vez, por motivo de tu historia de vida y la idea que tienes sobre el amor, crees que así es como se vive una relación de pareja, acaso algo en ti se siente bien por acudir al rescate de la otra persona, por recibir sus regalos en vez de confrontar un problema o por pelear. 

Asimismo, si decides seguir en esa relación, puedes preguntarte ¿qué puedes hacer tú para que la relación salga de esos círculos nocivos?

Comentario final

Dejar un patrón emocional puede no ser sencillo, pero quien así lo desea, quien ya se cansó de repetir siempre lo mismo, quien ya se dio cuenta de los hábitos que dañan su vida en vez de contribuir a su bienestar, en buena medida ya está en el camino de la evolución personal. Más allá de la singularidad de cada caso, hay ciertas acciones que puedes realizar para consolidar esa decisión.

A corto plazo: detén eso que te hace daño, interrúmpelo.

A mediano plazo: reflexiona sobre las causas que te hacen actuar de esa manera, indaga en tus raíces emocionales y tu historia de vida (con cierta frecuencia, ahí se encuentra la respuesta).

A largo plazo: date cuenta de que, en el ámbito de lo humano, nada es fijo ni inmutable, por el contrario, todo se encuentra en cambio constante, e incluso aquello que parece más incuestionable fue en su momento resultado de una combinación de circunstancias. 

Cambiar en la vida no sólo es posible: es necesario para vivir realmente.

 

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Imágenes: albaricoque_agc

El desapego es el camino para cumplir tus propósitos y lograr un cambio efectivo en tu vida

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/01/2018

Cumplir tus propósitos, tener lo que deseas, realizar un proyecto: ¿qué tanto el apego a patrones de pensamiento y conducta están impidiendo que lo logres?

Buena parte de los artículos, videos y demás material sobre el apego que circula actualmente suele centrarse en las relaciones de pareja, como si este fuera el único ámbito en el que el apego se presenta o el único en el que es necesario desmontarlo de nuestra vida.

El apego, sin embargo, va más allá de las relaciones de pareja. En realidad se trata de un elemento profundamente enraizado en la estructura psíquica que nos permite comprender la realidad, ser conscientes de nosotros mismos y relacionarnos con otros. Ese es el grado de importancia del apego y su extensión en los ámbitos de nuestra vida. 

En un punto, sin embargo, esos materiales aciertan: en relacionar el apego con los vínculos afectivos. Los patrones de pensamiento y de conducta a los que estamos apegados suelen guardar una relación estrecha con los vínculos afectivos de nuestra vida, usualmente los más tempranos.

Por eso desapegarse puede llegar a ser difícil y doloroso, pues implica dos tareas que corren más o menos paralelas: el examen de nuestras raíces emocionales (el origen de nuestros vínculos afectivos) y, como resultado inmediato de esto, la confrontación con emociones y situaciones de nuestra biografía no necesariamente agradables o que aprendimos a querer dejar intactas. 

Asimismo, eso determina que el apego se manifieste en una persona o una conducta pero en realidad tenga raíces más profundas. En el fondo, lo cierto es que estamos apegados a patrones de pensamiento, ideas sobre la vida y la realidad y patrones emocionales, mismos que repetimos involuntariamente por su relación con nuestras emociones más propias.

Con todo, la realidad se encuentra en cambio constante y nosotros mismos podemos tener responsabilidad en ese cambio. Y esto es válido también para la realidad de la mente y las emociones.

Desde un punto de vista emocional y psicológico, el apego puede llegar a ser uno de los elementos decisivos que nos impiden lograr un cambio en nuestra vida o, como se dice, cumplir nuestros propósitos. 

En ciertas personas, la historia de su vida generó sentimientos que no siempre son sencillos de clarificar dentro de los patrones de pensamiento y conducta en los que crecieron. Hay quien siente que guardar fidelidad a éstos significa guardar fidelidad al vínculo afectivo con el que están relacionados; puede ser también que haya miedo de pensar y actuar diferente o que hacerlo involucre una sanción; acaso haya quien no quiere dejar esas ideas por temor a perder la posibilidad de sentirse amado.

Esas son algunas de las emociones contradictorias relacionadas con el desapego y, para muchas personas, son también el motivo por el cual parece preferible continuar sobre lo conocido en vez de intentar algo nuevo. El miedo a lo desconocido es quizá la emoción con las raíces más profundas de todas las que puede sentir el ser humano, pero cada persona la siente de manera distinta y por motivos únicos. 

Por eso, a veces, por más esfuerzos que la persona haga y por más voluntad que parezca dedicar a hacer algo (cumplir un propósito o alcanzar un objetivo), termina abandonando sus proyectos, pues con mucha frecuencia al deseo genuino de hacer algo nuevo se opone el miedo de salir de los patrones de pensamiento y de conducta conocidos: el miedo al trauma asociado con el desapego, el miedo a desear, mismo que se manifiesta en efectos bien conocidos como actos de auto sabotaje, procrastinación, pensamientos de censura o de castigo franco. En esas condiciones y en medio de semejante tensión, no es extraño que un propósito termine por abandonarse.

¿Qué hacer, entonces? No hay una receta, eso es claro, y ninguna recomendación puede asegurar el éxito por la razón un tanto sencilla o evidente de que cada persona posee un camino propio y con circunstancias específicas. Asimismo es necesario decir que todo cambio requiere tiempo, paciencia y perseverancia, a veces más de lo que en un principio estamos dispuestos a otorgar y también en este caso se trata de un asunto de lógica: ¿cómo esperar cambiar en unas cuantas semanas o meses eso que hemos hecho la mayor parte de nuestra vida?

Acaso algunas preguntas útiles en el inicio de esta toma de conciencia podrían ser: 

-¿Qué quieres? 
-¿Qué patrones de pensamiento y conducta te están impidiendo conseguir lo que quieres?
-¿Qué crees que pasaría si haces las cosas de otra manera?
-¿Qué de tu historia de vida explica que pienses y actúes así?
-¿Hay algo que puedas hacer hoy que no sea una repetición de esos patrones y que esté orientado a que eventualmente puedas hacer las cosas de otra manera?

Como se ve, no se trata de preguntas que puedan responderse en una tarde o en una conversación amistosa frente a un café o una copa de vino. Tampoco son preguntas sucesivas o que admitan una sola respuesta. La toma de conciencia, el desapego y el reconocimiento del sujeto como ser que desea son procesos amplios, que tienen sus vaivenes, sus retrocesos, sus momentos de adaptación y reformulación, que cambian al mismo tiempo que la persona cambia.

En ese sentido, son procesos que se realizan a la luz de la existencia presente. Aunque el conocimiento de sí requiere de la exploración del pasado, recordemos que el propósito es cambiar aquí y ahora y es esto lo que queremos que sea diferente, no el pasado, del que no podemos mover ni una piedra. De ahí que sea posible también que aquello que dijimos querer al iniciar el camino quizá no termine siendo lo que obtengamos, pues en el proceso también nuestra vida cambió y con ellas nuestras reflexiones, el concepto que teníamos de nosotros mismos y aquello que creíamos desear.

La recompensa, sin embargo, puede llegar, en buena medida porque el cambio que surge del interior de una persona, como resultado de un proceso consciente en sus decisiones y todas sus etapas, suele resultar en un cambio efectivo, auténtico y, además, profundamente valioso para quien recorrió esa senda. 

Esa es la libertad de la que hablan los filósofos.

 

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