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El problema de que la agresividad y el poder hagan 'más atractivos' a los hombres

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/19/2018

¿El poder es el mayor afrodisiaco? ¿Qué implicaciones tiene eso para nuestra vida en sociedad?

El estadista Henry Kissinger famosamente dijo "el poder es el mayor afrodisiaco". Kissinger debía saberlo de primera mano. A todas luces no era un hombre físicamente atractivo, pero su inteligencia y sobre todo su poder -fue en muchos caso el poder detrás del poder en la política estadounidense- lo hicieron el "símbolo sexual de la administración Nixon", un hombre que trabó amistad con algunas de las mujeres más atractivas de su generación. 

No sólo los hombres son atractivos por su poder también lo son muchos animales, incluyendo las langostas. En su reciente libro, el Dr. Jordan Peterson hace una interesante comparación entre las langostas y los seres humanos. Las langostas realizan una serie de combates que determinan de alguna manera su estatus. Cuando las langostas crecen, pierden sus conchas y necesitan granjearse escondites para evitar depredadores. Claro que sólo existen un cierto número de buenos escondites. Así en su exploración de escondites las langostas se encuentran con otras y realizan una serie de combates ritualizados para acceder a estos escondites de primer orden. Cuando se encuentran dos langostas: 

empiezan a bailar alrededor, como un boxeador, abriendo y alzando sus tenazas, moviéndose hacia atrás y hacia adelante, y de lado a lado, espejando a su oponente... Al mismo tiempo emplean chorros especiales debajo de sus ojos para dirigir flujos de un líquido a sus oponentes.

Este spray líquido contiene una serie de químicos que revelan importante información a la otra langosta (tamaño, sexo, salud, estado de ánimo, etc.). Algunas veces una langosta se rinde simplemente por conocer la información de la otra en el spray. Cuando la información no es concluyente, se presentan combates que son sobre todo amagues, vacilaciones o simplemente exhibiciones, hasta que una de las langostas decide retirarse. Sólo en algunas ocasiones se llega realmente al combate. Lo que es más interesante todavía, es que después de un combate, una langosta deja de pelear -incluso ante langostas que ha vencido antes-, pierde toda la confianza y vive deprimida por al menos uno días (notablemente las langostas también se benefician de sustancias que elevan sus niveles de serotonina). En algunos caso, dice Peterson, la derrota es tan onerosa que "el cerebro de una langosta básicamente se disuelve. Luego crece un nuevo cerebro de subordinado, uno más apropiado para su nueva baja posición. Su cerebro original simplemente no es lo suficientemente sofisticado para manejar la transformación de rey a perro andrajoso". El triunfo hace que que aumente la serotonina y que se reduzca la octopamina en el cerebro de estos crustáceos. La serotonina, por otro lado, regula la estabilidad de las postura, y permite lo que entre humanos se llama la postura de poder (la "power pose", como Superman con los brazos extendidos). "Una langosta flexionada extiende sus apéndices para que pueda verse alta y peligrosa como Clint Eastwood en un spaghetti Western". Una vez que la langosta ha ganado puede cosechar las mieles de su triunfo. "Todo lo que necesita hacer un ganador... es menear sus antenas de manera amenazante y un previo oponente se desvanecerá en una ráfaga de arena".  Lo que nos interesa aquí es que en la muestra del poder de la langosta interviene una mecanismo de dominio reproductivo.  Según explica Peterson:

la hembra identifican rápidamente al vencedor, y se siente irresistiblemente atraída hacia él. Esto es una estrategia brillante, según mi estimación. También es usada por las hembras de otras especies, incluyendo las humanas. En vez de emprender la tarea computacionalmente compleja de identificar al mejor hombre, las hembras exteriorizan el problema de estos complicados cálculos a la jerarquía de la dominación. Dejan que los hombres luchen entre sí y pescan a sus amados de lo más alto...

Las hembras empiezan a merodear las guaridas de los campeones "roceando fragancias atractivas y afrodisicacas hacia ellos, intentando seducirlos. Su agresión lo ha hecho exitoso, así que es probable que reaccione de manera dominante e irritable. No es tarea fácil cambiar el foco de pelear a aparearse. (Sin embargo, con el encanto apropiado, el macho cambiará su comportamiento hacia la hembra. Esta es la versión de langostas de Cincuenta Sombras de Grey, el libro que más rápido se ha vendido de toda la historia, y el eterno romance arquetípico de La Bella y la Bestia. Este patrón de comportamiento es continuamente representado en las fantasías literarias explícitas [como las historias de romance Harlequin] que son tan populares entre mujeres como lo son las provocadoras imágenes de mujeres desnudas entre hombres.)

Este comportamiento se repite en numerosas ocasiones, el macho dominante es asediado por las hembras que vienen a seducirlo.

El macho dominante, con su postura erguida y dominante, no sólo obtiene los mejores bienes raíces y el mejor acceso a los campos de caza. También se queda con todas las chicas. Es exponencialmente más fructífero ser exitoso, si eres langosta, y macho.

Para una langosta hembra, el triunfo en el combate de un macho le dice que sus genes son buenos para reproducirse. Esta importante información en el ser humano se revela de diversas formas -por la simetría del rostro, por el olor (histocompatibilidad), y demás. El ser humano, sin embargo, es una mezcla de instinto biológico y de culturización, genes y memes. Así entonces, el poder y el éxito, ya no sólo como victorias en un combate físico sino dentro de la más sofisticada jerarquía social, ocupan el papel de revelar esta información que sugiere buenos genes y protección para la descendencia. 

Ahora bien, hemos titulado que este comportamiento profundamente embebido en la evolución de las especies animales es problemático. En realidad es natural pero, como dijimos antes, en el ser humano coexisten lo biológico con lo cultural y alguien diría que el ser humano se distingue por poder (o al menos imaginar) trascender lo meramente biológico. Como vimos, estos rasgos de agresividad y de búsqueda de apuntalamiento en lo más alto de la jerarquía social son altamente provechosos para los machos, fundamentalmente les permiten obtener las hembras más deseables. Esto es culturalmente un problema porque estos mismos rasgos también producen lo que ha sido llamado el patriarcado y la cultura de abuso -basado en posiciones de poder- que está bajo merecido escrutinio en tiempos recientes. Evidentemente el acoso sexual del llamado privilegio masculino y demás son efectos indeseables y que deben de ser combatidos. Sin embargo, paradójicamente estos mismos rasgos de agresividad y de búsqueda de poder son seleccionados en la evolución de la especie por las mismas mujeres que luego los padecen por elegir como sus parejas a lo largo de la evolución a este tipo de hombres. Y, en realidad, es completamente lógico, desde la perspectiva biológica -que en el fondo es lo que impera cuando elegimos una pareja-, que las mujeres elijan a estos hombres, los cuales su propio organismo de diferentes formas les dice que son los mejores para reproducirse. Evidentemente existen muchos otros rasgos que hacen atractivos a los hombres, algunos de los cuales contrastan notablemente con el poder y la agresión -como pueden ser el altruismo, altos niveles de empatía, la capacidad de escuchar, etc.- pero en un sentido primario o primitivo, es indudable que el poder, como notó Kissinger, es sexy. Se puede argumentar que existe una forma de poder que no es agresivo, pero en nuestra sociedad es la agresividad-asertividad lo que, en gran medida hace que se escale en la jerarquía social y por lo tanto que se comunique o que se haga visible ese poder que rinde beneficios sexuales. Asimismo, pese a la retórica posmoderna, la jerarquía o las estructuras de dominio son algo que ha existido prácticamente desde siempre en la naturaleza y que no dejará de existir. Después de todo, como dijo Darwin, la evolución es la supervivencia de los más aptos. Pueden cambiar las conductas y las señales que revelan esa aptitud -también somos parte de una evolución memética y no sólo genética- pero por otro lado pende sobre nosotros y actúa en la sensación pura de la atracción una herencia de miles de años en las que el poder ha sido visto con los ojos del deseo. 

 

Shibari o cómo rendir homenaje al erotismo según esta antigua práctica japonesa de tortura

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/19/2018

"La visión del cuerpo encordado como una singular obra de arte que dejas que los demás compartan y aprecien. Las sensaciones son muchas, la inmovilización, sentir la respiración del otro, la ingravidez, la presión, el roce..."

El erotismo, creado desde las fantasías y la libido, posee una amplia diversidad en sus expresiones y experiencias. A veces basta el recuerdo de ese cuerpo del deseo; en otras, la estimulación vibratoria en zonas específicas del cuerpo o el role playing de alguna escena excitante; y en unas cuantas más, sentir el intercambio de poder entre dominador y sumiso, como es el caso del BDSM o Shibari.

Este último recurso erótico, originado durante el Japón del siglo XV y XVI de la técnica de tortura de prisioneros diseñada e impuesta por los samuráis, Hojojutsu, consiste en realizar patrones con cuerdas de yute en cuerpos que pueden estar en el suelo o suspendidos en el aire. Actualmente, a diferencia de sus orígenes, se busca no sólo elevar la estética erótica, sino también producir un efecto diverso de emociones que pueden materializarse a través de la cuerda.

Es decir, para los dos personajes que se envuelven en el Shibari, esta práctica se siente y representa como “un abrazo fuerte”, en donde uno de ellos es atado sobre puntos sensibles y zonas serógenas –y el roce puede llegar a ser suave o áspero, según el tipo de cuerda–, para entrar en la sensación de vulnerabilidad y confianza obligatoria en la pareja mientras que esta última puede manejar a la otra persona, empujarla, acariciarla con las cuerdas, observarla, hacerla suya.

La base de esta práctica, en muchas ocasiones ocupada como performance artístico, es crear un patrón que contrasta y complementa las curvas naturales del cuerpo. Es decir, crear “una juxtaposición: una piel desnuda contra una cuerda ruda, fortaleza contra vulnerabilidad, un sentido de calma contra el riesgo al borde del precipicio”. Así como establecer una comunicación plena entre la persona atada –sumiso– y aquella que ata –maestro–, generando un efecto psicológico de adrenalina, relajación y confianza. Hay incluso quienes comparan esta práctica con la danza en pareja, en donde se requiere una completa comunicación y confianza entre ambos para permitir marcar las distintas zonas del cuerpo, la contorsión ligada a la tensión o relajación del otro, la expresión de los rostros y la explosión de la emoción y la belleza.

En palabras de Antonio Shibarita, un atador en el café de Lavapiés en Madrid, España, el Shibari permite una…

Visión del cuerpo encordado como una singular obra de arte que dejas que los demás compartan y aprecien. Las sensaciones son muchas, la inmovilización, sentir la respiración del otro, la ingravidez, la presión, el roce o la ligera abrasión de la cuerda al deslizarse por la piel hacen que luego la caricia sea más placentera. […] En esa privacidad es posible que se pueda llegar al orgasmo. Las cuerdas fluyen por las zonas erógenas, orejas, pezones, entrepierna, moviendo energías y emociones. Pero hay puntos eróticos que la gente ni se imagina, como la cuerda en la boca o por la espalda.

A diferencia de otras prácticas eróticas, el Shibari busca la conexión entre los dos individuos. Existen practicantes, como Miriam Muñoz, modelo, que explican: “Un buen atador no te quita la vista de encima, está pendiendo de ti, de tu postura, de tu comodidad, de tus sensaciones en la piel, de apretar o no. Eres el centro de esa persona y no hay nada más. Se produce una gran conexión entre atador y modelo”. Por lo tanto, a través del consentimiento, la atención y un acuerdo previamente establecido, esta antigua práctica japonesa puede ser realmente una herramienta de empoderamiento individual.