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La suprema poesía de la escena final de 'El sacrificio' de Tarkovsky + 'La Pasión según San Mateo' de Bach

Arte

Por: pijamasurf - 02/12/2018

Uno de los momentos más altos en la historia del cine

El sacrificio (1986 fue la última película de uno de los grandes directores en la historia del cine (el más grande según Ingmar Bergman). La última escena de la película, un agónico plano secuencia en el que arde una casa, es considerada uno de los momentos más altos en la historia del cine. Tarkovsky filmó esta película en Suecia, ya exiliado, con la ayuda de Bergman. La historia narra cómo un hombre intenta hacer un trato con Dios. Alexander se encuentra desolado por la pérdida de espiritualidad del hombre moderno. En la noche de su cumpleaños, la tercera guerra mundial inicia y para impedir la destrucción del mundo, Alexander le ofrece a Dios todo lo que tiene. 

La escena final del sacrificio donde incendia la casa tuvo que ser filmada dos veces. La primera vez, trágicamente, la cámara falló. La producción tuvo que reconstruir la casa durante un par de semanas y la escena se volvió a filmar.

Un usuario de YouTube ha colocado la música de Bach sobre la escena, creando una hermosa letanía.

Aunque es difícil superar la escena original con su propio sonido. Aquí la escena final sin la música:

Aquí se muestra cómo Tarkovsky planeó meticulosamente cada detalle de la escena para realizar su famoso "tracking shot":

 

Edward Hopper hizo este dibujo a los 9 años, al reverso de su boleta de calificaciones

Arte

Por: pijamasurf - 02/12/2018

¿Una muestra del destino que le esperaba a Hopper?

Una frase un tanto coloquial asegura que “infancia es destino”, y aunque la afirmación merece discutirse y matizarse, lleva algo de razón. Durante esos primeros años de nuestra vida se sientan las bases de mucho de lo que después tomará forma en actos concretos, en decisiones que creemos tomar conscientemente, en equívocos y tropiezos pero también en logros y alegrías. Y quizá lo más paradójico de este proceso es que nunca se sabe. Por más que desde hace unos años existe una amplia aprehensión en torno a la “crianza” y la educación de los hijos, lo cierto es que nunca se sabe: la coincidencia de circunstancias en la vida de una persona es tan amplia, tan azarosa, que nunca se sabe.

Con esta breve reflexión quisimos acompañar la reproducción digital de este boceto, un dibujo sumamente elocuente que si bien pertenece a un “gran artista”, sorprende aún más por el momento en que fue realizado: nada menos que cuando ese gran artista tenía apenas 9 años y tomó su boleta de calificaciones, la volteó y comenzó a dibujar. Un niño como él quizá, un niño como el adulto que sin saber sería después, atraído por la soledad y la tristeza, por esos vagabundos del dharma que cenan solos en un merendero cualquiera en plena madrugada, que pasan sus domingos mirando por la ventana del cuarto donde viven o que comparten con otros sus penas de amor pero siempre desde un aislamiento que parece imbatible.

¿Infancia es destino? Quizá queremos decir que no podemos saberlo porque, en el fondo, estamos seguros de que es así, pero preferimos pensar que las cosas serán diferentes.

El dibujo es parte de un archivo de más de mil piezas que hace unas semanas recibió la Edward Hopper House, la casa-museo en Nyack, Nueva York, donde el pintor nació y creció y que desde hace varios años se habilitó como museo, tanto para dar a conocer como para difundir la vida y obra del pintor.